Arte

Literatura

José Viera y Clavijo.

En los siglos XVI y XVII destaca, en el campo de la poesía épica, Antonio de Viana. Este escritor que nace en La Laguna compuso el poema Antigüedades de las Islas Afortunadas, un material de gran valor antropológico para entender las formas de vida de aquel entonces.[71]

Ya posteriormente, en el llamado Siglo de las Luces (siglo XVIII) aparecen figuras relevantes de la Ilustración en Tenerife como José de Viera y Clavijo, Tomás de Iriarte, Ángel Guimerá y Jorge, Mercedes Pinto o Domingo Pérez Minik, entre otros, que aportan sus obras dentro de esta escena literaria.

 Timple.

Música

El ámbito musical tiene en la figura de Teobaldo Power y Lugo Viña uno de sus exponentes más claros.[72] Natural de Santa Cruz, se trata de un pianista y compositor, autor de los Cantos Canarios. En concreto, los arreglos de la melodía del arrorró de estos Cantos Canarios constituyen el Himno de la Comunidad Autónoma.[73] En este campo también destaca el folclore. Similar al del resto de las islas, se caracteriza por la participación de timples, guitarras, bandurrias, laúdes y distintos tipos de instrumentos de percusión.

Son numerosos los grupos folclóricos que se reparten por la geografía isleña y que suelen aparecer en distintas celebraciones populares como las romerías. En este aspecto habría que citar a Los Sabandeños, quienes conforman un importante símbolo de la cultura canaria.[74] Este grupo folclórico rescató la idiosincrasia del pueblo isleño en un momento en el que el carácter uniformador de la cultura española de los años setenta hace caer prácticamente en la decadencia y el olvido diferentes elementos de la música canaria. Las canciones típicas de las islas: isa, folía, tajaraste, malagueña… se configuran como melodías mestizas entre la música ancestral de los guanches con distintos enlaces entre lo andaluz e hispanoamericano.

Pintura

El primer núcleo de arte pictórico en Tenerife se distingue en la ciudad de La Laguna, donde en el transcurso del siglo XVI aparecen algunos pintores de renombre. Más adelante se suman artistas de otros lugares como Garachico, Santa Cruz, La Orotava y Puerto de la Cruz. Originarios de La Orotava son dos de los mejores pintores del archipiélago del siglo XVII: Cristóbal Hernández de Quintana y Gaspar de Quevedo,[75] con numerosas obras distribuidas por iglesias de la isla.

En el Puerto de la Cruz, concretamente en la iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, se puede contemplar la aportación realizada por Luis de la Cruz y Ríos. Nacido en 1775, el que fuera pintor de cámara del rey Fernando VII de España y miniaturista, obtiene un reconocido prestigio en la Corte, donde se le conoce como El Canario.[76]

En el año 1849 nace en Santa Cruz de Tenerife el paisajista Valentín Sanz. El Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz cuenta con una abundante muestra de su quehacer. También en este museo capitalino se pueden observar cuadros de Juan Rodríguez Botas (1.880-1.917), quien es considerado el primer impresionista canario.[77]

Del mismo modo cabe citar, dentro del grupo expresionista, a Mariano de Cossío. A este autor hay que atribuirle los frescos de la iglesia de Santo Domingo, en San Cristóbal de La Laguna. Por otro lado, en 1874 nace Francisco Bonnín Guerín, acuarelista de Santa Cruz que formó una escuela para promover su labor pictórica. Por último, en 1906 nace en La Laguna uno de los pintores canarios más universales: Óscar Domínguez. Perteneciente al surrealismo, inventó la técnica de la decalcomanía y contribuyó con una obra pictórica de internacional reconocimiento.[78]

Entre los artistas actuales cabe citar, entre otros, al reconocido Cristino de Vera (Santa Cruz de Tenerife, 1931) quien ha recibido el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1998. Recibió también la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2001 y el Premio Canarias de Arte en su edición de 2005.[79] Por otro lado se debe señalar a Pedro González (San Cristóbal de La Laguna, 1927) pintor que ejerce labor docente en la Facultad de Bellas Artes y que también resultó galardonado con el Premio Canarias de Arte en 1988.[80]

Escultura

Se podría considerar que la práctica escultórica comienza en Tenerife a partir del siglo XVII, momento en el cual llega a la isla el arquitecto y escultor Martín de Andújar Cantos desde Sevilla, donde había recibido instrucciones del maestro Juan Martínez Montañés.[81] Con él arrivaron nuevas técnicas y planteamientos de la escuela hispalense que transmitió a sus discípulos, entre los que destaca el garachiquense Blas García Ravelo.

Otros escultores que, en esta época y en el posterior siglo XVIII, irrumpen a la escena son Sebastián Fernández Méndez, Lázaro González de Ocampo, José Rodríguez de la Oliva, y principalmente el orotavense Fernando Estévez, alumno de Luján Pérez, quien contribuye con una extensa colección de imágenes religiosas y tallas repartidas por diversas iglesias de Tenerife, como por ejemplo, en la Parroquia Matriz del Apóstol Santiago de Los Realejos; en la Catedral de La Laguna, la Iglesia de la Concepción también en La Laguna, la Basílica de Candelaria, el Real Santuario del Cristo de La Laguna y en distintos lugares de culto de La Orotava.

Actualmente, el ámbito escultórico tinerfeño se encuentra representado entre otros por José Abad, Fernando Garcíarramos y José Luis Fajardo.

Arquitectura

Patio interior canario, emplazado en la Casa Montañés de La Laguna, Sede del Consejo Consultivo de Canarias.

Al igual que la que predomina en las otras islas, en la arquitectura tinerfeña sobresalen las directrices de las casonas señoriales y las de las casas más humildes y populares. Este tipo arquitectónico, que tiene notables influencias de Andalucía y Portugal, presenta, no obstante una fuerte personalidad propia.[27]

De las casas señoriales hay que subrayar los ejemplos que existen en La Orotava y en La Laguna. Estas edificaciones se caracterizan por sus balcones típicos y por la presencia de patios interiores. La madera, especialmente la tea (pino), cobra un gran protagonismo en estas construcciones. Estas casas presentan fachadas no demasiado complejas con poca ornamentación.[27]

Son típicos los grandes balcones de madera y el uso de celosías. Las ventanas cierran en guillotina y son habituales los asientos interiores adosados a ellas. Los patios interiores funcionan como verdaderos jardines que sirven para dar iluminación a las habitaciones. Éstas se comunican con el patio por medio de galerías rematadas frecuentemente en piedra y madera. Artilugios como las destiladeras, las bombas de agua, los bancos y mesones son elementos que muchas veces forman parte de estos patios interiores.[27]

Auditorio de Tenerife.

En cuanto a las casas tradicionales, éstas se caracterizan por ser edificios de escasa altura, con toscas paredes de colores variopintos. En ocasiones la continuidad de estas paredes se ve interrumpida por la presencia de bloques de piedra que asoman a la superficie de forma ornamental. A lo largo de toda la isla son muchos los ejemplos a contemplar de esta arquitectura.[27]

Los edificios oficiales o de carácter religioso se han ido conformando según las distintas corrientes arquitectónicas que en cada momento han imperado. Los núcleos urbanos de las ciudades de La Laguna y La Orotava están declarados como monumentos histórico-artístico nacionales.[82]

En los últimos años, por parte de los diferentes gobiernos, ha predominado el concepto de llevar a cabo grandes proyectos, en ocasiones ostentosos, diseñados por reconocidos arquitectos. Entre ellos se podría incluir por ejemplo, la remodelación de la Plaza de España por los arquitectos suizos Herzog & De Meuron, el nuevo proyecto del francés Dominique Perrault de la Playa de Las Teresitas, el centro Magma Arte & Congresos, las Torres de Santa Cruz o el Auditorio de Tenerife. Este último edificio, obra del arquitecto español Santiago Calatrava se alza al este del Parque Marítimo, en la capital tinerfeña. Uno de sus elementos más destacables es la estampa de su vela alada simulando un barco, que se ha convertido en uno de los símbolos de la isla.[83]

Artesanía

En esta breve sección habría que remarcar la elaboración del calado y la roseta, dos elementos artesanales apreciados también por los visitantes de la isla. El calado es una labor de bordado, que requiere gusto, paciencia y precisión, fundamentada en una técnica consistente en ir deshilando un paño tensamente sujeto a un bastidor por lo general de madera. El resultado final suele aplicarse, sobre todo, a la mantelería u otros elementos decorativos. La roseta se confecciona substancialmente en el municipio de Vilaflor, y consiste en crear dibujos con hilos que son cruzados entre fijadores. Estas pequeñas piezas así elaboradas son unidas posteriormente obteniéndose paños individuales y composiciones.[84]

Vasijas guanches en el Museo de la Naturaleza y el Hombre.

Estas dos variedades artesanales, que precisan de una gran dedicación, suelen venderse en núcleos etnográficos o rurales o en cascos históricos. Sin embargo, es frecuente encontrar en las céntricas calles de Santa Cruz y otros puntos turísticos numerosos locales que ofrecen lo que ellos denominan mantelería canaria, cuando ésta es realmente producida en serie mediante procedimientos industriales y no responde por tanto a los trabajos artesanales confeccionados en Canarias.[84]

En este ámbito hay que destacar igualmente la ebanistería. El norte de Tenerife ha proporcionado a la historia varios maestros en la talla que han contribuido con elementos que van desde balcones, celosías, puertas y ventanas hasta un original mobiliario cargado de objetos elaborados en madera fina. La cestería también es una labor de cierto peso en la artesanía tinerfeña donde sus artesanos trabajan desde hojas de palma y varas de castaño a la fibra de la platanera, conocida por el sector como la badana, que conlleva una producción igualmente diversa y heterogénea.[85]

Existe, como en el resto de las Islas Canarias, toda una tradición artesana alrededor de la alfarería. El uso del barro procede de la primitiva cerámica llevada a cabo por los antiguos guanches, quienes desconocían el uso del torno. Los alfareros de la isla trabajan la arcilla con las manos, lo que imprime una gran autenticidad a sus obras. Entre los objetos realizados destacan los destinados a la utilería doméstica, asadores, gánigos…, o los meramente ornamentales y de atavío personal: collares de cuentas o las afamadas pintaderas, un símbolo de la iconografía aborigen.[28]

Es habitual poder contemplar los quehaceres de estos artesanos en diferentes ferias que normalmente se suelen celebrar con motivo de las fiestas de los pueblos, villas o ciudades de la isla.